Cómo mejora la dieta mediterránea la función cognitiva (I): Evitando el ESTRÉS OXIDATIVO.

En la entrada anterior en el Blog del cuidador describimos la relación beneficiosa que tiene el consumo de dieta mediterránea sobre la función cognitiva y su posible papel en la protección de la aparición de una demencia, fundamentalmente de la Enfermedad de Alzheimer. Quedó pendiente explicar los mecanismos a través de los cuales se establece esta interacción positiva entre dieta y demencia.

Se barajan varios mecanismos. En esta primera entrada describiremos el primero: LA DISMINUCIÓN DEL ESTRÉS OXIDATIVO.

Lo primero que hay que preguntarse es ¿qué es el estrés oxidativo?. Todo parte del oxígeno (O2). Es indudable de la necesidad vital que tenemos de O2, sin el que no podríamos vivir más de unos pocos minutos. El O2 tiene innumerables acciones en el organismo, una de las más importantes es su participación en la generación de energía en las mitocondrias (nuestras fábricas de energía localizadas en las células).

Pero su presencia también resulta de alguna forma tóxica. El O2 habitualmente es estable (no se mezcla con las demás moléculas que andan por allí cerca. Va a su aire). Sin embargo, en algunas circunstancias que se dan habitualmente en el día a día de nuestro cuerpo, el O2 puede transformarse en formas ligeramente distintas llamadas “parcialmente reducidas” como el superóxido, el peróxido de hidrógeno o el radical hidróxilo. Estas formas sí tienen capacidad para oxidar (cambiar) a muchos compuestos (proteínas, grasas, etc.) que dejan de funcionar adecuadamente, dando lugar, a la larga, a la disfunción de toda la célula y finalmente a su muerte. A mayor producción de formas parcialmente reducidas de O2, mayor oxidación (estrés oxidativo) sufrirá la célula afectada y mayor probabilidad tendrá de disfuncionar y terminar muriendo. Por supuesto que existen sustancias para evitar este proceso en nuestro cuerpo. Son los llamados “agentes antioxidantes” de los que hablaremos más adelante.

Segunda cuestión: si el estrés oxidativo debe ser un fenómeno generalizado, dado que el O2 está en todos sitios, ¿por qué afecta sobre todo al cerebro y a determinadas zonas dentro de él?. La respuesta a esta pregunta es múltiple:

1. Las zonas donde llegue más O2 estarán más expuestas al estrés oxidativo. El cerebro es la zona del cuerpo que consume más oxígeno, dado que las neuronas lo utilizan prácticamente en exclusiva como forma de conseguir energía.

2. Las neuronas viven mucho tiempo. Por tanto, tienen muchas más probabilidades de ir acumulando daño por estrés oxidativo.

3. Algunos grupos de células también tienen características que las hacen más vulnerables: mayor necesidad de energía, producción de sustancias con capacidad para generar formas reducidas de O2 o mecanismos –necesarios para su normal funcionamiento- que provocan mayor estrés oxidativo.

Esto último explica que se produzcan enfermedades concretas. Es decir, se afecta todo el cerebro pero la afectación de zonas más expuestas o vulnerables como por ejemplo la sustancia negra, hace que se generen los síntomas de la Enfermedad de Parkinson y no otro tipo de síntomas. Ello apoya además, porque algunas veces aparecen juntas algunas enfermedades neurodegenerativas (Enfermedad de Alzheimer y Parkinson por ejemplo).

El estrés oxidativo se ha demostrado involucrado en muchas, si no todas, las enfermedades neurodegenerativas: Enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de Parkinson, Corea de Huntington o Esclerosis lateral amiotrófica, dependiendo de que a la existencia de estas zonas más vulnerables al estrés oxidativo se añadan otros factores propios (predisposición genética y factores externos como tóxicos).

Tercera cuestión: si sabemos que el estrés oxidativo provoca muerte celular y ésta termina generando una enfermedad degenerativa, ¿frenando este proceso frenaríamos el proceso de neurodegeneración?.

Hemos dicho anteriormente que existen agentes capaces de frenar el estrés oxidativo: los agentes antioxidantes. Los hay intrínsecos, que forman parte de nuestro organismo y extrínsecos, es decir, que no forman parte de nosotros pero podemos utilizarlos. Muchos de estos agentes antioxidantes extrínsecos son alimentos y la dieta mediterránea es muy rica en ellos: aceite de oliva, frutos secos o polifenoles. Aquí está la conexión entre dieta mediterránea – capacidad antioxidante – prevención de deterioro de la función cognitiva.

Para finalizar, es necesario aclarar que la terapia con agentes antioxidantes (vitamina E, vitamina C por ejemplo) NO ha demostrado mejorar el pronóstico de las personas con Enfermedad de Alzheimer u otras enfermedades neurodegenerativas. No entraremos en las posibles explicaciones de esto. Sirva como conclusión que la dieta mediterránea a través de su efecto antioxidante es beneficiosa para la función cognitiva y puede prevenir la aparición de demencia u otras enfermedades neurodegenerativas pero no tiene un efecto beneficioso demostrado en el pronóstico de personas con una enfermedad neurodegenerativa ya establecida. En este caso se cumple sin duda el MÁS VALE PREVENIR QUE CURAR.

 

Muchas Gracias.

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